La depresión en niños de 8 a 12 años es una realidad que muchas veces pasa desapercibida. A esta edad, es común que los niños experimenten altibajos emocionales, pero cuando la tristeza, la apatía o los cambios de comportamiento se prolongan en el tiempo, es importante prestar atención.
Una de las razones por las que la depresión en niños de 8 a 12 años puede pasar desapercibida es que no siempre se muestra como tristeza evidente. En muchos casos, los niños expresan su malestar a través de la irritabilidad, el enfado o incluso el aislamiento social.
También pueden aparecer síntomas físicos como dolores de cabeza o de barriga, que no tienen una causa médica aparente. Estos signos suelen ser una forma de expresar emocionalmente algo que no saben poner en palabras.
Es importante observar si en el niño o la niña se repiten algunos de estos comportamientos durante al menos dos semanas:
• Pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba
• Cambios en el apetito (comer mucho más o mucho menos)
• Alteraciones en el sueño (dificultad para dormir o dormir en exceso)
• Cansancio constante o falta de energía
• Disminución del rendimiento escolar
• Baja autoestima o culpa excesiva
• Dificultad para concentrarse
• Aislamiento de sus amistades o de la familia
Aunque algunos de estos cambios pueden formar parte de una etapa concreta, si se mantienen en el tiempo y afectan a su bienestar diario, es importante no ignorarlos.
No hay una única causa para la depresión infantil. Es el resultado de una combinación de factores emocionales, familiares, escolares y biológicos.
Entre los más comunes encontramos:
• Situaciones familiares difíciles, como separaciones, pérdidas o conflictos en casa
• Problemas escolares, como acoso, presión académica o dificultades de aprendizaje
• Cambios importantes, como mudanzas o el nacimiento de un hermano
• Factores genéticos o antecedentes familiares de trastornos del estado de ánimo
Cada niño vive sus experiencias de forma única. Por eso es fundamental observar su comportamiento y no minimizar lo que siente.
El primer paso es mostrarte disponible. A veces no se trata de tener todas las respuestas, sino de que el niño o la niña sepa que puede acudir a ti sin miedo a ser juzgado.
Algunas pautas que pueden ayudarte:
• Escucha con atención, sin interrumpir ni restar importancia a lo que cuenta
• Evita frases como “eso no es nada” o “ya se te pasará”
• Valida sus emociones: que se sienta comprendido y acompañado
• Establece rutinas estables que le den seguridad
• Fomenta espacios donde pueda expresarse libremente (dibujar, escribir, jugar)
• Mantén una comunicación fluida con el centro escolar
Y, sobre todo, recuerda que no tienes por qué hacerlo solo o sola. Buscar ayuda profesional no es un fracaso como madre o padre, es un acto de amor y responsabilidad.
Si los síntomas no desaparecen o se intensifican con el paso del tiempo, es recomendable acudir a un psicólogo especializado en infancia. La detección e intervención temprana pueden marcar una gran diferencia en la evolución del niño.
En Encabo Psicología ofrecemos un espacio seguro y cercano donde tu hijo o hija podrá expresar lo que siente y aprender a gestionar sus emociones de forma saludable.
Sabemos que cada niño es único, y por eso adaptamos nuestras sesiones a su personalidad, edad y necesidades. Trabajamos con herramientas específicas para la infancia, como el juego terapéutico, el dibujo, el cuento o dinámicas adaptadas a su etapa de desarrollo.
Además, acompañamos a las familias en este proceso, orientando sobre cómo actuar en casa y en el entorno escolar. Porque el trabajo en equipo es clave para la recuperación emocional. Si tu hijo o hija tiene necesidades específicas de apoyo educativo, infórmate sobre las Becas NEAE.
Si crees que tu hijo o hija podría estar atravesando una etapa de depresión, estamos aquí para ayudarte. Puedes contar con nuestro equipo de psicología infantil en cualquier momento. También puedes conocer nuestros talleres infantiles.
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