Superar la muerte de una madre no significa dejar de echarla de menos ni pasar página. Significa que el recuerdo deje de doler con la intensidad del principio y que puedas volver a ocuparte de tu vida sin sentir que la traicionas.
Ocurre de forma gradual y con altibajos, no en línea recta, y el ritmo varía mucho de una persona a otra sin que eso indique que alguien lo esté haciendo mal. Lo que sí conviene distinguir es cuándo el proceso sigue su curso y cuándo se ha quedado detenido.
No hay un plazo, y conviene desconfiar de quien dé uno. Lo que sí se observa es una tendencia, los primeros meses concentran lo más intenso, y a lo largo del primer año la mayoría de las personas nota que los episodios de dolor agudo se espacian, aunque sigan llegando sin aviso.
El primer aniversario, el primer cumpleaños y las primeras navidades suelen ser peores de lo que la gente espera, precisamente porque para entonces el entorno ya ha vuelto a la normalidad y da por hecho que tú también.
Conviene decir también que el entorno laboral rara vez acompaña este ritmo. Los días de permiso se cuentan en jornadas y el duelo en meses, y esa diferencia explica buena parte del agotamiento del primer trimestre, cuando además llegan los trámites.
Influyen la relación que teníais, si la muerte fue esperada o repentina, si hubo tiempo de despedirse, si eras tú quien la cuidaba y qué apoyo tienes alrededor. Dos hermanos pueden llevarlo de forma muy distinta con la misma madre y la misma pérdida.
Porque suele ser la primera figura de apego de la vida. La relación con la madre organiza, para bien o para mal, buena parte de cómo nos vinculamos después, y su ausencia toca esa base y no solo el afecto cotidiano.
Además cambia el lugar que uno ocupa. Muchas personas describen que al morir su madre dejaron de ser hijas de alguien y pasaron a ser la generación de arriba, con una sensación de intemperie que cuesta explicar a quien no ha pasado por ello.
Hay un detalle práctico que sorprende a mucha gente y desgasta bastante: bancos, notarías y papeles llegan justo cuando menos capacidad hay para ocuparse de ellos, y obligan a repetir la noticia una y otra vez ante desconocidos.
Y si la relación era complicada, el duelo se complica también. Se echa de menos a la madre que hubo y a la vez a la que no llegó a haber, y esa mezcla genera culpa con frecuencia. En consulta es habitual que alguien tarde varias sesiones en atreverse a decir que también sintió alivio.
Es esperable la tristeza, y también el enfado, la irritabilidad, la culpa por lo que no se hizo, la sensación de irrealidad, los problemas de sueño y de concentración, y las oleadas que llegan sin aviso en el supermercado o al oír una canción.
Conviene comparar dos situaciones que desde fuera se parecen. En la primera, una persona llora a menudo, habla de su madre, ha vuelto al trabajo aunque le cueste y algunos días está bien. En la segunda, otra apenas llora, no la nombra nunca, ha retomado la rutina sin fallar un día y evita por completo cualquier cosa que se la recuerde. La segunda parece más entera y suele ser la que más conviene acompañar.
Puedes consultar información general sobre la pérdida de un ser querido en MedlinePlus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.
La duda más frecuente es si lo que ocurre entra dentro de lo normal o ya no. No hay una prueba que lo resuelva, y sí hay criterios que ayudan a decidir. Conviene revisarlos pasados varios meses, no en las primeras semanas.
No ayuda marcarse un plazo para estar bien, ni compararse con un hermano que parece llevarlo mejor. Tampoco ayuda esconder el dolor delante de los hijos, que lo detectan igual y aprenden que de esto no se habla en casa.
La idea de que hay que pasar por unas fases ordenadas hasta llegar a la aceptación hace bastante daño, porque mucha gente concluye que lo está haciendo mal cuando su experiencia no encaja en ese guión. En la práctica el duelo va y viene.
Y conviene decir también lo que la terapia no hace. No acorta el duelo ni lo vuelve indoloro. Lo que hace es acompañarlo y evitar que se enquiste. En Encabo Psicología atendemos procesos de duelo dentro del trabajo de la terapia para la depresión, donde te podemos guiar y resolver todas tus dudas desde la primera sesión.
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