Descubrir que tu hijo o hija adolescente se autolesiona es una de las experiencias más duras por las que puede pasar una familia. La mezcla de miedo, culpa e incertidumbre es completamente comprensible, y lo primero que necesitas saber es que no estás solo/a, y hay ayuda profesional efectiva para esta situación.
En este artículo te explicamos qué significa realmente la autolesión, por qué ocurre, cómo reaccionar (y cómo no) si lo descubres, y cuándo es imprescindible buscar apoyo psicológico especializado.
La autolesión no suicida (ANS) consiste en hacerse daño físico de forma deliberada, sin intención de morir, como forma de gestionar un malestar emocional intenso. Es más frecuente de lo que muchas familias imaginan, especialmente entre los 12 y los 17 años, y afecta tanto a chicos como a chicas.
Es importante entender que la autolesión casi nunca busca llamar la atención. En la mayoría de los casos es una estrategia de afrontamiento, aunque disfuncional, ante emociones que el adolescente no sabe cómo tolerar o expresar de otra manera: angustia, vacío, ira, culpa o una sensación de desconexión de sí mismo.
No siempre es fácil detectarlo, porque los adolescentes suelen ocultarlo activamente. Algunas señales que pueden hacer sospechar son:
Ninguna señal por sí sola confirma nada, pero la combinación de varias, junto con un cambio general en su comportamiento, merece atención y, si es posible, una valoración profesional.
1. Regula tu propia reacción antes de hablar con él o ella.
Es normal sentir pánico, pero una reacción de shock, enfado o dramatismo puede hacer que tu hijo se cierre por completo. Tómate un momento para calmarte antes de la conversación.
2. Abre la conversación sin juzgar.
Frases como «estoy aquí, no estás en un lío, solo quiero entenderte» abren mucho más la puerta que preguntas acusatorias. El objetivo de esta primera conversación no es que «lo deje ya», sino que sienta que puede hablar contigo.
3. Evita frases que minimicen o dramaticen.
Comentarios como «eso es una tontería» o «cómo has podido hacerte esto» aumentan la vergüenza y la ocultación. Tampoco ayuda convertirlo en un tema de castigo o prohibición.
4. No prometas guardar el secreto.
Es tentador decir «esto quedará entre nosotros» para ganarte su confianza, pero si hay riesgo, necesitarás poder buscar ayuda externa. Es mejor ser honesto: «Voy a ayudarte, y eso puede significar que busquemos apoyo profesional juntos.»
5. Busca ayuda psicológica especializada cuanto antes.
La autolesión no se resuelve solo con voluntad ni con vigilancia constante. Un psicólogo especializado en adolescentes puede identificar qué función cumple la autolesión para tu hijo y trabajar en herramientas reales de regulación emocional.
En terapia, un adolescente que se autolesiona puede aprender a:
El trabajo con la familia también es clave ya que no se trata solo de «arreglar» al adolescente, sino de generar un entorno donde se sienta seguro para hablar de lo que le pasa.
No hace falta esperar a una crisis para pedir ayuda. Cuanto antes se intervenga, más fácil es evitar que la autolesión se convierta en la principal forma de gestionar el malestar emocional a largo plazo.
Es recomendable pedir cita con un psicólogo especializado en adolescentes cuando:
Si te sientes identificado con lo que has leído hasta aquí, en Encabo Psicología te ayudamos ofreciéndote terapia especializada para la depresión, ya sea la tuya como madre o padre, o la que pueda estar viviendo tu hijo adolescente de fondo. La autolesión y la depresión están frecuentemente relacionadas, y abordar ambas a tiempo marca la diferencia en la recuperación.
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